El pasado año (2016) el Museo del Prado realizo por primera vez en su historia, una retrospectiva de una mujer artista.

Clara Peeters pintora flamenca nacida a finales del siglo XVI. pionera en el campo de la naturaleza muerta y una de
las pocas mujeres que se dedicaron a la pintura en Europa en la Edad Moderna. Es la protagonista de aquella exposición.

En su colección dicho museo, conserva obras de más de 5.000 artistas hombres, frente a 41 artistas mujeres, de las cuales
atesora unas 70 obras. Solo siete están expuestas en sus colecciones.

Que explica que un Museo con casi 200 años de historia, haya excluido por tanto tiempo de sus salas de exhibicionesel
trabajo de una mujer. Reducidas al anonimato, opacadas en el tiempo y a otras tantas disciplinas.
La mujer ha visto mermada su participaciónno solo en el ruedo social y cultural, si no también en el circuito del arte, un
tópico que sin duda nos lleva a discutir y reflexionar.

¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el Metropolitan de Nueva York?
Se preguntaba el colectivo Guerrilla Girls.1 en 1989. Menos del 5% de los artistas de las secciones de arte
moderno son féminas, pero el 85% de los desnudos son femeninos”, denunciaban en la época.

Relegadas a un papel de musas, retratadas innumerables veces en forma brillante en distintos formatos y
técnicas, la mujer quizás sea una de las temáticas mas reiterada en los distintos periodos de la historia del arte;
interpretaciones de pintores, escultores y fotógrafos inspirados. Han hecho de ella una imagen de adoración y
culto estético.
Retratos, protagonistas de escenas mitológicas, desnudos, vida cotidiana, elegantes o prostitutas, todas ellas
por igual son plasmadas y exhibidas en galerías y museos. Desde una perspectiva u otra, la figura femenina
parece ser participe en el mundo del arte, solo por medio de está vía.

¿Ha que se debe su marginación o nulo protagonismo en los libros de historia como ejecutoras o creadoras?
¿ Qué lugar ocupan las mujeres en el mundo del arte?
¿No hay mujeres artistas? Se preguntaba Linda Nochlin2 en su artículo publicado en 1971 en la revista Art News,
en el que nos hace recapacitar sobre los diversos factores sociales e institucionales como claros responsables de su
marginación y la nula participación de ellas en las esferas estéticas.

Nos preguntamos si existe acaso, una figura femenina que iguale, la genialidad, trayectoria y reconocimiento de Pablo Picasso.
La mujer ha tenido un papel secundario durante siglos en distintos ámbitos de la vida social y cultural, más aun en el arte.
Discretamente con el correr de los años han podido sortear la invisibilidad a las que muchas veces ha sido confinada.

Aunque sin duda el aporte femenino en la historia del arte ha existido desde siempre, claramente no han podido
traspasar la barrera del anonimato y reconocimiento.
El desequilibrio de género de los artistas representados en galerías y museos es abismante.
Las mujeres artistas existen, muchas de ellas con igual o mayor talento que sus pares masculinos, pero son olvidadas
en un universo mayoritariamente compuesto por hombres, la influencia ejercida por ellos en sus tareas como historiadores,
críticos y conservadores, sin duda también ha sido parte del problema.

Clara Peeters (Amberes 1594 – 1659)
Mesa, hacia 1611, óleo sobre tabla, 55 x 73 cm, Madrid, Museo del Prado. (Extracto)
Procede de la colección de la reina Isabel de Farnesio, localizándose en el Palacio de La Granja en 1746.

Hipótesis

Las convenciones con respecto al arte han cambiado a través de los años. Pero solo en décadas recientes estás preguntas han tenido luces de respuesta.
EL arte quizás sea el ultimo eslabón en una escalada de dificultades que ha tenido que enfrentar las mujeres en el transcurso de la historia. Cuya presencia marcada por costumbres y normas establecidas han hecho de ellas pálidas protagonistas, muchas veces reducidas al olvido, no solo por historiadores y críticos si no también por el publico que le han dado las espalda a un libre desarrollo artístico a través del tiempo.

Son muchas las mujeres artistas, pero muy pocas reconocidas por la historia del arte.
La difusión, documentación de autorías y los miedos propios de los estereotipos de género hacia ellas, han reducida su presencia como autoras de renombre.
Sin contar al rol que siempre ha estado condicionada: su papel de madre y trabajo domestico, un orden social que ha tenido pocas variantes en el tiempo.

Todo esto, sumado a las condiciones dispares de acceso a la educación artística a lo largo de la historia, han sido un cumulo de obstáculos en su desarrollo profesional.

El acceso a una formación académica con disciplinas tan importantes como geometría, física, aritmética, anatomía humana todas ellas fundamentales para su perfeccionamiento artístico.
Era casi nulo.
Sin una presencia masculina como tutora les era imposible acceder a los talleres o perfeccionarse en academias especializadas.
No es casualidad entonces que Clara Peeters, la artista antes mencionada es hija de pintor al igual que Sofonisba Anguissola (1532-1625) quien es La primera gran pintora reconocida del renacimiento. Las dos aristócratas y con acceso a talleres familiares.

Otra variante a destacar entonces, es que la educación artística se limitaba el acceso a las mujeres de familias adineradas, nobles o religiosas.

Con la llegada del siglo XIX, las puertas de las academias se cerraron totalmente para ellas, con la excusa de que las clases de desnudo no eran apropiadas. Tenemos que situar también el rol de la iglesia en la incidencia de formación académica, dado que esta emplaza a la mujer a su único papel dispuesto para ella: el hogar junto a sus hijos.

Durante el Siglo XX en el periodo de la posguerra, los cambios sociales hicieron posible que un mayor número de mujeres trabajaran profesionalmente como artistas.

Marco teórico

Masculinizar sus nombre para entrar en el circuito de artes no es tan descabellado como parece,

existen pintoras que solo usaban sus iniciales u otras que optaban directamente por cambiarse el nombre. Como el caso de la pintora expresionista Grace Hartigan (1922-2008), que firmaba al principio de su carrera como George Hartigan, tal como ella mismo comento: ” por el miedo a que no se tomasen su trabajo demasiado en serio”.
Otro caso ha comentar, es el de Lee Krasner (1908-1984) quien fue una de las exponentes mas destacadas del expresionismo abstracto estadounidense en la segunda mitad del siglo XX.
Krasner, es una de las pocas artistas mujeres que han conseguido una retrospectiva en el MoMA de Nueva York. La mayor parte de su obra la firmó con las iniciales L. K. Por consejo de su mentor

Hans Hoffman, que llegó a comentar que su trabajo “era tan bueno que nunca imaginarías que lo ha pintado una mujer”.

 

                         – “El arte es ajeno al espíritu de las mujeres, pues esas cosas solo pueden realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas”- había escrito Boccaccio.

 

Con las inseguridades propias de un artista a la critica y el fracaso, no es difícil imaginar al tormento que las mujeres artistas han logrado atravesar durante su carrera profesional.

Es imposible no señalar también a los hombres: historiadores, críticos y curadores, de este modus operandi de las que han sido victima las mujeres artistas, el arte hasta hace muy poco era un universo mayoritariamente compuesto por ellos, así como muchos otros trabajos de la vida moderna.
La única forma de que las mujeres artistas, salgan de su anonimato impuesto es hablando de ellas por medio de investigaciones y retrospectivas en las que la devuelvan al lugar que siempre debieron estar.

 

Bibliografía

– Museo Nacional del Prado https://www.museodelprado.es
– Ángeles Caso: Las Olvidadas, una historia de mujeres creadoras 2005
– Linda Nochlin ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas? 1971
– Diario El País articulo: por Ángeles Caso También las mujeres sabían pintar 2012
– Diario El País articulo: por Noelia Ramírez ¿Dónde están las mujeres artistas? 2014